viernes, 14 de septiembre de 2018

Rain : U

U remember this pic?


Esta madrugada todo me llovía, todo, menos la lluvia. 

Me llovía la tristeza, me llovía el dolor -su dolor y el mío-, sus marcas en las yemas de mis dedos, la impotencia, la desesperación, me llovía el no ver salida y la incapacidad, ¡dios!, ¡cómo me llovía mi jodida incapacidad para terminar con su sufrimiento!, me sumergía el alma hasta tener que recordar volver a respirar. 

Podía escuchar el golpecito del agua contra el patio, pero no me sentía merecedora de disfrutar de ella. Y me ahogué de sequía y absurdamente te quise rescatar y no hice otra cosa que empujarte, cuando la realidad es que te necesitaba a rabiar.

Esta noche no me queda más que agradecerte, una vez más, por estar, por ser honesto, por decir lo que sientes de la forma en que lo sientes, por no soltarme, por tener las opciones y decidir quedarte.

Salvación... es lo que siempre encontré en la lluvia.
Es lo que Siempre encuentro en ti.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Entre las dos.


Nop, no hace falta para nada agregar muchas más palabras... Sé que lo recuerdaS, Amo-r 💦

lunes, 3 de septiembre de 2018

adwU.

Pesados todavía, mis párpados luchan por levantarse mientras la poquísima luz de la habitación se los impide; mis neuronas aletargadas comienzan a identificar dónde duele más, dónde menos; asoman los recuerdos de la noche anterior, los últimos sonidos... tu voz..., y entonces te escucho: respiras, cerquita a mí, dormido. Llevo tantos años escuchándote respirar, dormir, despertar... Ya debería ser parte de la normalidad de mis mañanas, pero no lo es, ya debería ser una pieza en la rutina de lo cotidiano pero aún me pellizca la sonrisa, aún me mueve ese algo en el centro del cuerpo. 

"Te amo" -lo repito tan bajito que no lo oyes, "te amo, mi Dueño".

Tu ritmo al inhalar se altera, imagino que mi voz pequeñita se cuela entre tus tímpanos y te brinca por dentro, te mueves, te siento, inhalas más fuerte todavía y dices con ese tono adormilado que me enamora a más no poder: "Mi perrita..." 


Te pido que me folles, que por favor me folles, y no tardas ni un segundo en estar dentro mío, tus palabras jadeando en mi nuca no demoran nada en follarse también mi cerebro. No sé cómo lo haces, cómo puedes decir y hacer exactamente lo que tensa mis nervios y relaja mi voluntad, pero pareces conseguirlo con tanta facilidad que llega a enojarme lo fácil que te soy. 


Y el enojo se vuelve orgasmo y el orgasmo, tu sonrisa. Y soy más Tuya, si cabe, y tus palabras vuelven a revolverme el interior: "buenos días, perrita, así amanecen las mujeres como tú...". Y yo sólo puedo pensar: "¡pinche perra con suerte!"

Te devuelvo la sonrisa, voy por máS.

miércoles, 27 de junio de 2018

Erstmals.


Lo he oído directo de tu voz varias veces, desde hace años, bajo circunstancias y situaciones que tú y yo conocemos a la perfección, entre dudas, anhelos, presiones, ganas y enredos. 
Lo he oído cuando te pesaba como todo el universo sobre la lengua y lo he oído cuando sin tú siquiera pretenderlo me lo decías, en silencio, día con día.

Pero esta mañana, aún con tus palabras adormiladas, con las imágenes todavía vívidas en tus párpados y un par de segundos después que terminaras de narrarme tu sueño, esta mañana, mi Amo-r, no sólo lo he oído, esta mañana lo he escuchado y lo he Sentido directo de tu centro al mío, al centro de mi cuerpo, al centro de mi mente y al centro de mi corazón.

Idem ❤

lunes, 18 de junio de 2018

Desaparecer debajo de ti.

El tiempo ha vuelto a volar entre tus brazos, sentada en tus piernas, adormecida por la protección que siempre me ha brindado ese lugar especial. La película, interesante como era, no ha podido competir con el asombro que me producen aún después de tantos años, la paz y el amparo que ningún ser ni sitio fueron capaces de ofrecerme jamás, ni la casa paterna, ni las amistades más entrañables, ni las relaciones más geniales, solo tú eres mi hogar sereno y feliz.

Y así, sin mucho más postre, nos hemos ido a la cama.

Me has dicho lo que harías y mi mente ha desconectado del planeta dejándome hacer y dedicándome a lo que sabemos que hago mejor: recibirte, de todas las formas posibles, recibirte. Has colocado tu cuerpo sobre el mío y he desaparecido debajo de él, porque soy demasiado pequeña y porque soy tu pequeña. 
He desaparecido como desaparecerá tu sexo dentro del mío en unos segundos. 
He desaparecido como cuando de ser tan tuya, dejo de existir. 

Desaparecer en ti me gusta, esconderme bajo tus antojos es una adicción que no podré ni querré superar nunca, estoy condenada a repetir esa conducta una y otra y otra vez, así me has hecho, así me gusta, así debe Ser.

viernes, 15 de junio de 2018

"YA"

Simple.

Son dos letras, nada más, pero se convierten en religión cuando provienen de tus ganas, de tus deseos, de tu voluntad; y entonces mi cerebro se nubla y los sonidos, todos, se acallan, el movimiento cesa y lo que sea que estaba ocurriendo, así, sin más, deja de suceder; mis dedos se mueven torpes buscando oírte, mi respiración, lejos de oxigenar mis pensamientos, los aturde, naufraga mi calma y mi disposición es la orden que se repite constante; y, adicta como soy por precepto tuyo, consumo todas las dosis posibles mientras me reclames para ti.

Simple.
Tuya.

viernes, 27 de abril de 2018

Todo oídos.

No terminas de decirlo y me reduces a un único pensamiento, una idea exclusiva, una sola sensación: "fuck!... this is gonna hurt so so much, but he wants it..." Y eso, para mi maldición o bendición, es un puto combustible en mi cabeza. El "he wants it" es todo lo que necesitas alimentar en mi cerebro para echarlo a andar.

Mi mano se eleva no sin temblor aunque ya no sea la primera vez, o quizá justo por eso, porque no es la primera vez y ya sé lo que sucederá, lo que se sentirá, lo que se escuchará.

(Lo que se escuchará....
¿Recordabas que estaban ellos apenas cruzando una delgada puerta de madera? ¿Que es posible que algunos sonidos se escuchen incluso de un piso a otro? ¡Claro que sí! Sé que lo sabes. También sé que te importó un rábano en esos momentos. Y si eso no te importó, mucho menos el ardor y el escozor subsiguientes. Querías el sonido y sus secuelas. Querías la obediencia -sin preguntas- a pesar de las consecuencias porque además, tanto es lo que me conoces, que sabías que terminaría haciéndome bien, per se et a posteriori. Querías a tu perra dócil bajo tus hilos. Y la tuviste.)

Mi mano se eleva no sin temblor, y tras unos segundos en los que aprieto fuerte mis ojos y muerdo mis labios, cae, cae violenta y ruidosa sobre mi hinchazón, sobre mi corrida... sobre TU corrida. Cae salpicando fluidos y ruido, un ruido que te complace y te llena los oídos, un ruido que me libra de una repetición indeseada y que a la vez me deja sin aliento por demasiados segundos, ansiando únicamente el oxígeno del que me provees cuando finalmente dices esas dos palabras con un vaho de orgullo, mientras me colmas los pulmones y la vida: buena perrita.

Sé que mi mano se elevará cuantas veces lo indiques, y que mi mente funcionará justo como deseas que lo haga, y que, ambos, no deseamos más que sea aSí.

lunes, 23 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú. (3)

EL DOLOR HACE QUE EL CUERPO Y LA MENTE DESPIERTEN -fue lo siguiente que escuchó de su voz mientras una luz muy potente la cegaba por completo. 
Él tiraba de su cabello a la vez que la besaba con violencia, y le hablaba al oído explicándole que siempre debía ser obediente con Él, que siempre debía cumplir al pie de las letras sus indicaciones, que ella siempre, siempre, sería para Él.
Ella se dejaba jalar y se dejaba besar y se dejaba decir, pues el placer que sentía era infinito, no dudaba ni por un solo segundo que deseaba, pero sobre todo necesitaba, su vida de esa manera y bajo esas condiciones.

Ahora la desviste y vuelve a tirar más fuerte aún de su cabello, la acerca a una pared y prácticamente le clava el rostro en ella. NO TE MUEVAS -agrega. Ella respira agitada y los ladrillos del muro se empañan con su respiración. Siente que le duele la nariz.

¡CUENTA! Un azote en su espalda. Ella no reacciona, no entiende lo que sucede, sólo vuelve a oírlo: ¡CUENTA! Acto seguido su voz tiembla exhalando el número uno. 
NO DEJES DE CONTAR. Segundo azote, esta vez sobre sus piernas. Llora, pero no se atreve a voltear. Dos, dice entre sollozos. 
Tercer azote. Tre...es, dice ella casi susurrando. 
Y entonces comienza una ráfaga de azotes sobre su culo, sin pausa, sin moderación... sin piedad. 
Ella pierde la cuenta. A Él ya no le interesa, sólo le habla y le pregunta una y otra y otra vez: ESTÁS LLORANDO... ¿TE DESAGRADA? ¿DESEAS QUE ME DETENGA?

Se despierta de un salto. 
Sus manos acuden a sus ojos y efectivamente está llorando, pero no quiere despertar. ¡No! ¡No! ¡No, por favor! Vuelve a cerrar los ojos, los aprieta fuerte por ver si vuelve a dormirse, quiere esa sensación en su cuerpo, quiere ese dolor, quiere su voz, quiere decirle que no, que no, que no se detenga, que la marque toda, que la haga Suya...

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(Cada vez que oigo ese audio estoy más segura de que eres tú...)

miércoles, 11 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú. (2)

La reclama a gritos, parece estar enfadado pero ella está tranquila, extrañamente tranquila. Entonces siente el frío de su mano halándola hacia el interior de una habitación en la que nunca antes habían estado. 
Y cae. 
No lo ve más, parece haber desaparecido entre los millones de signos de interrogación que hay en el piso y las paredes. 
La habitación se encuentra inundada por un olor semejante al que tienen los metales oxidados, lo cual para su gusto es agradable, lo único que le fastidia sobremanera es la temperatura: hace demasiado calor allí dentro y empieza a sentirse incómoda al notar que las gotitas de transpiración le recorren el rostro. 

Se pone en pie, se sacude el vestido que lleva y mientras sus dedos recorren los hilos negros de la tela se pierde en sus recuerdos, en cuánto detesta Él los pantalones: -JAMÁS TE QUIERO VER USANDO NADA QUE ME IMPIDA TOCARTE-, le habría dicho en uno de sus primeros encuentros, y así, se había acostumbrado a llevar vestidos que pudieran tanto levantarse con facilidad como resbalar por sus hombros sin ningún inconveniente. 
Cuando empezó a hacer estos cambios en su ropa, su madre habría querido preguntarle mil veces qué había originado tales gustos, pero como con tantas otras cosas, nunca lo hizo... y eso le convenía la más de veces.

Buscaba la puerta con desesperación, no comprendía como una habitación tan pequeña podía representarle tal trabajo, y es que los signos que estaban pintados por todo el cuarto hacían casi imposible la visión; sin embargo, no le interesaba eso que ya era bastante raro de por sí, ella sólo quería aire fresco, estaba asfixiándose con ese calor que pensaba la cocinaría de un momento a otro. 

- ¡QUIETA!

Sus rodillas le temblaron y se doblaron golpeando fuertemente al caer sobre el duro suelo. El sonido que se produjo era como el de cien huesos rompiéndose a la vez, pero ella no sentía dolor, no. Ella no sentía nada que Él no le permitiera sentir, que Él no le indicara claramente sentir.

Sus manos álgidas se aproximaron a ella desde atrás, ataron sus cabellos en una coleta, deslizaron su vestido hasta que alcanzó su cintura y subiendo rápidamente aprisionaron sus pezones a la vez que Él se acercaba a su oído y susurrándole sentenciaba: ESTO SÍ VA A DOLERTE, Y MUCHO, PERO VA A GUSTARTE TANTO SABER QUE LO DISFRUTO, QUE TÚ MISMA ME LOS ENTREGARÁS PARA QUE HAGA CON ELLOS LO QUE ME PLAZCA. Entonces ella pidió por un permiso que Él le otorgó, se giró suavemente quedando frente a Él sin mirar nada más que el suelo y sus miles de signos, anidó cada uno de sus senos con sus manos y, haciendo un ademán de entrega, le dijo muy bajito y sintiendo un temor que la recorría de pies a cabeza: "son tuyos, puedes hacer lo que desees".

El dolor la dejó inconsciente.

Despertó bañada en sudor. Apenas había amanecido y su hermana aún dormía, así que trataba de controlar la respiración agitada para no hacer más ruido del que seguramente ya había hecho. Sus manos se aferraban firmemente a su pecho, pero algo la motivó a moverlas y a hacerlas descender por su cuerpo: era la humedad entre sus piernas, estaba completamente mojada, empapada, lubricada... eSperando por Él.

lunes, 9 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú.

Es grande. Lo sabe porque ella es pequeña y desde su posición apenas alcanza a su pecho.
Es grande y es fuerte, con ningún esfuerzo la eleva por los aires, la anida entre sus brazos y la lleva a otro lugar, uno más oscuro, más húmedo y frío. Y la deja ahí sin decir más.

Ella espera alguna señal, algún sonido, pero sólo recibe el más absoluto silencio, y el tiempo trascurre sin inmutarse por su presencia.

No sin algo de trabajo descubre una cama, -es inmensa, piensa para sí- trepa en ella y recuesta su espalda. Se siente cansada aunque no sabe por qué; aun así recuerda que no debe juntar nunca las rodillas, que sus manos siempre deben permanecer abiertas y... -¿qué más? ¿qué más?- queda zambullida en sus pensamientos...

¿Segundos? ¿Minutos? ¿Horas? No lo sabe. No debería importarle tampoco.

-LA CABEZA VA FUERA DE LA CAMA.

Su voz la captura y la envuelve. Es tan gruesa, tan seca, y aun así, es el sonido que ella más adora oír. -¡Eso era!, se siente idiota- Se apresura a resbalarse un poco sobre el edredón y dejar caer su cabeza por el filo de la cama. Ella no podrá ver nada, ni el rostro dueño de esa voz ni nada de lo está a punto de sucederle. No le interesa por el momento, sólo desea sentirlo y dejarse llevar.

Él es tosco, sus manos son frías y ásperas como su voz, y al tocarla, al producirse el primer contacto, la hace saltar por la brusquedad. Ella sabe que Él no desea lastimarla... al menos no aún, y los que son roces rústicos, ella los siente como las caricias más placenteras recibidas jamás. ¿Por qué? Fácil: porque provienen de Él, de sus manos y de su voluntad.

Ahora separa sus piernas, lo hace colocando apenas un dedo entre ellas. Ella ha aprendido a ser y a hacer como a Él le gusta, como Él desea, como le ha enseñado a ser desde que se presentó por primera vez entre sus sueños. Él la olfatea, hace un sonido de agrado y acto seguido hunde toda su mano en ella, sin permisos, sin miramientos ni suavidades. Ella gime, a Él le disgusta cuando ella grita, a no ser que pretenda obtener gritos de su garganta, y claro, ahí todo cambia. Ella gime y desea levantar la cabeza y verle, ver su expresión, sus gestos, su mirada, pero sabe que le está prohibido, y desiste. Él juega con los cinco dedos dentro de ella, palpándola a cada milímetro, como si escribiera en las paredes de su canal vaginal. 
Y avanza.
Avanza dentro de ese cuerpo que le pertenece. Avanza su mano, su muñeca, choca con el cuello de su útero y, de pronto, se detiene y le pregunta ladino: 

-¿QUIERES QUE SALGA? 

Ella no responde, sólo lo siente y gime. 

Él añade entonces: NO LO HARÍA AUNQUE ME LO SUPLICARAS. TU CUERPO ES MÍO, TÚ YA NO TE PERTENECES Y ESO JAMÁS PODRÁS CAMBIARLO.

Ella lo escucha y esas palabras le masturban cada fibra del cuerpo, cada pensamiento, cada deseo que nunca supo que tenía. Y se corre. Se corre con Él dentro, sacudiéndose, convulsionando y mordiéndose los gritos. 

Pero apenas tiene tiempo de volver a respirar, Él Sigue dentro y no deja de tatuarle la piel.

miércoles, 4 de abril de 2018

Time.

Galopan los días como si el demonio los persiguiera; pasan las semanas, pasó como si nada un primer trimestre, pasaron años ya desde leerte por primera ver, oírte por primera vez, verte por primera vez. 

Y te amo en ese correr del tiempo sin descanso, en esas noches violentas que sin saber cómo, amanecen, en esas tardes -a la par ahora- en que me pierdo entre tus brazos y las risas y las bocas abiertas y las torcidas, en esas madrugadas colmadas de fruición extenuante. Me alimento a cada instante de ti como un vampiro hambriento que sólo teme haber bebido demasiado y espera que su apetencia pueda ser satisfecha una vez más... y otra.

Y te amo en el tiempo suspendido de la espera aunque a veces no puedas creerlo, en tus decisiones más importantes y las más nimias, en tu mejor ánimo y tu peor humor, te amo en todas las veces que te quedas, y te he amado en cada una de las que te has ido; te amo perteneciéndote a cada segundo y sintiendo la urgencia desgarradora de hacerlo aún más, te amo porque no puedo evitarlo y porque así lo he decidido.

Así, así te amo, en la divergencia y el más intenso orgasmo, en la distancia atroz y la cercanía que eriza, en el espacio que ocupas y el vacío que dejas, te amo con tres corazones fuertes y un alma frágil, te ama la puta y la pequeña, por igual, no para siempre -no me gusta pecar de optimista-, pero sí cada día que deseemos, trabajemos y se nos permita continuar, juntos, en la contradicción... en la más feliz sincronía... en el eSpacio... en el tiempo.

lunes, 19 de febrero de 2018

El (bendito) problema sin solución.

Me enamoré de él sobre los finales de los 80's, cuando veía a un "niño terrible" hacer de las suyas en la tele, ya fuera entrevistando a un travesti o al más controversial político de la época y, unos años más tarde, caía de nuevo rendida a sus pies mientras mis ojos se perdían rápidamente entre las líneas de su primer libro, y no porque fuera un escritor de renombre o altamente publicitado, ni porque hiciera alarde de técnicas sofisticadas o cerebrales disertaciones, sino más bien era la sencillez y honestidad de sus palabras, la forma tan simple de decir lo que otros complican, lo descarnado de sus historias personales que nos contaba sin tapujos ni tabúes, lo que me conquistaba. 
Creo que a veces enredamos en extremo las cosas sólo porque lo fácil nos resulta sospechoso o aburrido. Este no era el caso, no era su caso. Y eso me cautivó desde el día uno.

Periodista, escritor, bisexual por temporadas (completamente gay por otras), entrevistador polémico, suicida en potencia e indiscreto desheredado, eso y más es Jaime Bayly, y con todo llevo adorándolo décadas, última de las cuales ha estado relacionado con una muchacha veintitantos años menor y que al parecer se ha convertido en su mejor medicina, su más extraordinaria cómplice y su mundo entero.

Hoy leí la última entrada de su página web y volví a enamorarme, pero esta vez me enamoré de su descriptiva declaración de amor; y aunque seguramente much@s (ya en varios comentarios de su entrada se ve la mierda destilada...) hablarían de una relación desigual, tóxica o destinada a joderse, a mí me suena a amor, me sabe a amor, me huele a amor, y del genial además, de ese que no es fácil encontrar, pero que, cuando lo haces, le agradeces hasta al dios en que no creeS.

¡Te re adoro, Jaimito!, nunca podré dejar de leerte.


🍀        🍀        🍀        🍀        🍀



Una de las cosas que más me gustan de Silvia, mi esposa, es que no ve mi programa de televisión. Nunca, ni por casualidad. Lo evita, lo evade, sabe que es tóxico. Antes venía los viernes al programa, pero ahora me dice que ya no le provoca, que se aburre con mis discursos políticos.

Otra de las cosas que me gustan de ella es que cuando le hablo apasionadamente de política, de los conflictos y las intrigas políticas, de mi incierto futuro en la política, bosteza y se queda dormida sin miramientos.

Pero probablemente lo que más me gusta de ella es que siempre está lista y dispuesta a arreglar el problema que se presente. Y todos los días se presenta un problema por lo menos. La vida es una máquina de fabricar problemas. Silvia es una máquina de resolverlos. Yo, entretanto, me quejo y no hago nada.

Cuando nos enamoramos hace diez años, ella tenía un novio motociclista y peleador callejero, y yo tenía un novio periodista y adicto a la moda. Ambos dejamos a nuestros novios. Ella detectó un primer problema más o menos urgente: yo estaba deprimido y tomaba con ansias suicidas muchas pastillas hipnóticas para dormir. A diferencia de mi ex esposa y mi novio, que estaban resignados a que yo me matara de una sobredosis, Silvia se compró el problema y se ocupó de resolverlo. Habló con muchos médicos, se informó con una curiosidad inagotable, se atrevió a decirme que tenía que ir dejando tal y cual pastilla para probar con otros medicamentos. Fue dificilísimo. Pero con el tiempo logramos dejar los hipnóticos.

También le presenté un problema quemante cuando le dije que quería tener un hijo. Ella tenía apenas veintiún años cuando me anunció que estaba dispuesta a darme ese hijo. Quedó embarazada sin dejarse intimidar por las circunstancias. Con precoces veintidós años, me dio una hija. Problema resuelto. No me dijo: quizás, tal vez, más adelante, ahora no estoy preparada, sería mucho para mí. Nada de excusas. Lo hizo. Punto.

Pensé que, siendo ella tan joven y teniendo a sus padres y amigas en Lima, podría ser un problema que no se acostumbrase a vivir conmigo en Miami. Se acostumbró enseguida. Amó Key Biscayne, mi barrio de casi toda la vida adulta. Se hizo vecina orgullosa de esa isla en la que por fortuna vivimos. Nunca se quejó, se deprimió, se dejó invadir por la nostalgia. Nunca me reprochó que la hubiera alejado de Lima. Al contrario, vio todo lo bueno de Miami y se sintió encantada en su nueva ciudad. Hizo amigas con suma facilidad. Tiene amigas argentinas, españolas, venezolanas, colombianas. Todas la adoran. Todas la buscan porque saben que se ríen mucho con ella. Silvia siempre tiene ganas de salir a tomarse dos copas de vino y reírse de todo. Para ella, todos los días son geniales, felices, perfectos. No se queja de nada. Ve el lado bueno de la ciudad y de su gente.

Yo me levanto a mediodía. Silvia está en pie desde temprano. Cuida de que nuestra hija llegue a tiempo al colegio y, a la vez, me cuida el sueño. Mientras duermo como un holgazán, ella toma clases de tenis con su profesora paraguaya, va al gimnasio de su instructor colombiano, habla por teléfono con su siquiatra argentino que está en Buenos Aires, va al supermercado y hace las compras, resuelve todos los problemas de la casa, hace las diligencias, cumple los mandados. Y todo lo hace contenta, a gusto, sin quejarse.

No hay problema que ella no pueda resolver. Lo que más le gusta es que yo le diga: mi amor, tengo un problema, no sé qué hacer, por favor ayúdame. Ella es feliz ayudándome, enfocándose, tratando de entender cómo resolver el problema. Si se atasca la impresora o se queda sin tinta, ella se ocupa. Si no sé cómo firmar un contrato que me han enviado por correo electrónico, ella convierte el documento de Word a PDF. Si tengo que imprimir un recibo, ella lo hace en un santiamén. Si el televisor no coge la señal satelital y está por comenzar el partido de fútbol y yo me quejo como un pusilánime y maldigo mi suerte, ella se concentra y trae de vuelta la señal del fútbol. Si me salen pelitos en la nariz o las orejas y no sé cómo cortármelos porque soy un tontín, ella me los corta. Si me duele algo, ella encuentra el aparato correcto para darme un masaje. Nunca me dice: estoy cansada, no fastidies, es tu problema. Siempre está lista y dispuesta y encantada de darme una mano y arreglar el problema.

Con nuestra hija es igual. Todos los días Silvia va al colegio y ayuda a la profesora. La adoran en el colegio. Hace de todo. Lo hace por puro placer. Decora, redecora, organiza, compra, lleva presupuestos, hace manualidades: lo que le pidan, allí está ella, siempre lista. Y en las tardes lleva a nuestra hija a clases de karate, a clases de piano, a la sicóloga, a clases de tenis, a clases de actuación. No paran. Son infatigables las dos. Yo, entretanto, estoy en la casa, tratando de escribir, es decir no haciendo gran cosa. Ellas capturan la vida en todo su esplendor y la celebran con un alborozo deslumbrante. Es un placer ver cómo van y vienen sin detenerse un momento a lamentarse de nada. La vida es una película fantástica y ellas son las grandes protagonistas.

Todos los días llegan cajas, muchas cajas a nuestra casa. Todas las compras las hace ella por Amazon. Está siempre atenta a que no falte nada. Sabe lo que me gusta y lo compra sin consultarme. Me compra las corbatas, las medias, los calzoncillos, las zapatillas para correr, las zapatillas para jugar tenis, el mejor protector solar, la mejor crema humectante, todo, absolutamente todo lo que yo pueda necesitar. Sabe mis gustos, mis manías, mis tallas. Sabe lo que necesito antes de que yo lo sepa. Está siempre un paso adelante. Yo voy a la zaga. No me entero de nada. Solo me ocupo de pagar las cuentas. Pero eso no tiene mérito. Tengo tanto dinero que a veces no recuerdo bien cuánto tengo.

Cuando viajamos, ella elige los hoteles, los vuelos, los restaurantes. Ella hace las maletas y decide qué ropa me conviene llevar. Ella se sabe de memoria los números de viajero frecuente, los códigos de viajeros pre-chequeados, las maneras legales de cortar camino en los controles migratorios. Cuando manejo, me dice las rutas, evita las congestiones, usa los programas correctos para llegar más rápido al destino. Si necesitamos un Uber, ella lo llama, pues yo no tengo siquiera la aplicación, tengo un celular viejo que llevo apagado y prendo renuente al final del día para oír los mensajes. Estemos donde estemos, ella sabe cuál es la mejor ruta para llegar al destino correcto en el menor tiempo posible.

¡Cómo se equivocaron quienes la subestimaron! Pensaron que era un amor pasajero. Yo sabía que era la mujer de mi vida.

El problema más arduo de cuantos ella ha resuelto fue entender la raíz de mis crisis maníacas y mis crisis depresivas, suicidas. Me llevó de las orejas a numerosos médicos, yo quejándome por supuesto. Fue probando, experimentando, investigando, hasta golpear la tecla correcta. El problema era que soy bipolar. Me dieron los medicamentos correctos y me cambiaron la vida. O me salvaron la vida.

Otro problema que supo resolver con gran inteligencia y sentido práctico fue el de mi bisexualidad. Silvia entendió que, bien mirado, ese no era un problema. No se propuso cambiarme en modo alguno. Le encanta mi sensibilidad femenina. Estimula, alienta, aplaude mi lado gay. Se ríe de mi delicado lado masculino. Deja que ambos fluyan y coexistan libremente, sin represiones. Hacer el amor con ella es una fiesta divertida e impredecible porque no sabemos cuál de los dos será la parte activa y cuál, la pasiva. Lo vamos descubriendo a medida que los cuerpos hablan el lenguaje silente del amor. Puedo ser un hombre más o menos brioso, o una señora más o menos pudorosa. Ella ama a los dos. Puede incluso que ame más a la señora pudorosa que se agazapa en mí. Por eso nos enamoramos, nos casamos y tuvimos una hija. Porque nos parece que el amor es un juego que puede reinventarse cada noche. Es muy aburrido ser el mismo todo el tiempo.

Silvia no tiene miedo de decirme lo que piensa. Si le digo que voy a meterme en política, me dice: vas a perder, te vas a arrepentir, vas a terminar preso. Si le digo que quiero hacer una película, me dice: vas a perder plata, no seas tonto. Si le digo que quiero comprarme una casa en Buenos Aires, se ríe de mí y me dice: es mucho más cómodo quedarnos en el Alvear y desentendernos de las cuentas de mantenimiento, si al final vamos solo dos veces al año. Si le digo que quiero hacer tal o cual negocio (un restaurante, unas pastillas para el pelo, unas gotas de aceite de marihuana), me dice: mejor dedícate a escribir y no pierdas el tiempo haciendo huevadas.

Pero lo que más me gusta de ella es que de pronto estoy hablándole de política tarde en la noche, y estoy completamente poseído por la fiebre política, y me creo un sabelotodo, y siento que estoy diciendo una gran y poderosa verdad, y luego la miro de soslayo y descubro que mi cháchara la ha puesto a dormir. Me enternece mucho ponerla a dormir cuando le hablo de política. Me doy cuenta de que soy un viejo aburrido.

Mañana nos vamos a esquiar a las montañas de Canadá. ¿Quién será la mujer que me ponga las botas de nieve, y me consiga los equipos para esquiar, y me abrigue con la ropa polar más confortable, y me ayude a levantarme cuando me caiga aparatosamente? ¿Quién me recordará mi cita con la masajista del hotel, quién llevará aparatos para hacerme masajes en los pies, quién me echará cremas y ungüentos para aliviarme las lesiones tras las caídas inevitables? Ella, Silvia, mi amor, el gran amor de mi vida.

Solo hay un problema que no parece tener solución, y es que ya no sé vivir sin ella.

viernes, 2 de febrero de 2018

Al sur.


No es usual estar lejos de ti, pasar las tardes lejos de ti y mucho menos dormir lejos de ti, y al ser una sensación tan poco frecuente, no he terminado de comprenderla del todo.

Me conozco sin ti, sé cómo me muevo sin ti y cuán distinta soy, cuán alto levanto mis muros y cuán desconectada del planeta puedo llegar a estar; y contigo me conozco aún más, lo segura que voy a cada instante, lo protegida que me siento, lo mucho que sonrío (among other things that I do a lot as well :D) y la paz que tengo.

Pero estar contigo y a la vez lejos de ti.... No, no comprendo esa sensación. Y aunque realmente disfruto los instantes especiales de estos días, creo que difícilmente llegaré a entenderme en momentos y espacios en los que tú no estés.

Te extraño...
...so so So much.

lunes, 29 de enero de 2018

Plena.

Casi cuatro meses han pasado desde la última entrada, cuatro meses intensos, llenos de sensaciones nuevas, de aprendizajes, de sorpresas, de regalos. Cuatro meses en los que, al margen de las complicaciones -esas que nunca pueden faltar-, las sonrisas y el placer han sido una constante y la complicidad y la confianza han tenido un papel trascendental. 

Una y otra vez entraba al blog queriendo plasmar al menos una de las huellas que se impregnaban en mi cuerpo o en mi cabeza, una y otra vez las palabras quedaban demasiado cortas o sonaban demasiado estúpidas, no tenía forma de verter en letras lo que me brincaba en el pecho o me latía entre las piernas. 
Hoy tampoco será posible, es evidente ya, pero escribir es parte de mí, de quien he sido y soy, y no hacerlo empezaba a hacerme sentir un huequecito en el alma, así que... suene mal o bien, esta es mi voz.

Aquí no hay historias épicas, no hay fantasías ni alucinaciones, no hay sueños jeropas. Hay realidades tangibles día con día, noche con noche, hay proyectos, ilusiones, risas y ganas, hay objetivos, amor, deseos, obligaciones, sexo y necesidad... muchísima necesidad...

He recibido tantísima información a lo largo de estas semanas, que creo que mi cerebro se encuentra aún organizándola (aunque al parecer mi cuerpo la interioriza muchísimo más rápido y más eficientemente). Podría parecer sencillo asimilar datos claros y precisos, pero cuando sabes que esa incorporación será permanente, no se trata nada más de oír y hacer, como quizá funcionaría con una máquina siguiendo comandos, sino de convertirla en parte de tu estructura y tu sistema. Ese proceso es tan complejo y bestial que consigue apasionarme, me mantiene alerta, dispuesta, atenta, ¡viva! Me fascina a rabiar.
Te escucho y mi cerebro se jode -de todas las formas en que es posible joderse un cerebro-, mi cuerpo reacciona, mi urgencia se vuelve aún más urgente. Llevo años, muchos, escuchándote, y aún te descubro formas de conseguirme para ti, aún quieres más, aún quiero más, no hemos terminado de explicarnos nuestra feroz necesidad. Pero entonces una certeza me da de toquecitos en el hombro y sonriendo me deja clarito que lo único que en verdad me urge eres tú y todo lo fucking ideal que eres para mí, y que todo lo demás es consecuencia de. 

Hay quienes se sienten inmensamente satisfechos con sus profesiones y objetivos alcanzados o para quienes sus metas por conseguir lo son todo, hay quienes ambicionan una familia numerosa o quizá bienes materiales, hay de los que son felices haciendo por los demás y los que no saben ni lo que quieren y aun así sonríen, o los que, como yo, poseyendo mucho más de lo que cualquiera podría desear, siempre tuvieron un vacío que ninguna aspiración, bien o relación pudo cubrir.

Hoy (y queda claro que es un "hoy" simbólico) estoy completa, satisfecha, feliz, hoy tengo paz en mi cabeza y en mi cuerpo, hoy puedo ser quien soy y ver cómo a diario se ve saciada mi hambre de complacer, de obedecer, de pertenecer, en la cama o en medio de la calle, a cuatro o rodeada de gente, en el caos más atroz, la tristeza más profunda, la alegría más intensa o el sexo más salvaje. 

No sé todo lo que pueden llegar a necesitar los seres humanos para sentirse realizados, orgullosos, dichosos, pero ojalá todos y cada uno pudieran, al menos por un instante, experimentar la plenitud que te ocasiona estar haciendo exactamente lo que viniste a hacer a eSte mundo.