viernes, 2 de noviembre de 2018

De los días de mierrrrrrda en los que vale la pena sonreír.



Irónico encontrar estas palabras cuando más jodido luce todo, cuanto más lejana se ve la salida, la solución, cuando la tristeza y el cansancio acumulados no dan tregua y parecen golpear a cada momento del día.

Pero... no... pensándolo mejor no es irónico, es un mensaje bien clarito de la vida (o de algún pendejo bien inteligente pues u.u) para dejar de lloriquear tanto y mejor agradecer, agradecer por la vida que sí se tiene, por el amor que sí se siente, por la compañía invaluable de esa persona, la más importante para el resto de tu existencia. Porque sí, Amo-r, no tienes idea de cuántas crisis me has evitado con tu paciencia (anoche mismo, sin ir muy lejos); de cuantísimo has librado a mi cerebro de cortocircuitos llevándome a dormir contigo, cuando a estas alturas ya parecería una peque-zombie xD; de cómo tu presencia permanente combate esa soledad que, de no ser por ti, ya hubiera invadido cada rincón de tu puppy.
Y no puedo más que agradecerte por ello, por saber que tengo el apoyo constante de aquel a quien más adoro, y sí, sonreír, porque... si lo pienso bien... soy bastante máS que afortunada 🍀


pd: ya te imaginas cómo me ha dolido el ojo... y el cerebro por la tilde ausente... :S

miércoles, 24 de octubre de 2018

:/

miércoles, 17 de octubre de 2018

Qué lindo es quererte, Amo-r.

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Y saber que las pesadillas tienen enemigo,
que hasta la noche más pesada empieza y acaba contigo,
que la distancia entre mi oído y tu boca danza cuesta abajo mientras mis cabellos se alargan hasta poderte tocar... -¡y te tocan! ¡y sonríes! y yo muero de amor por ti cuando tus labios toman forma por mi culpa-,
que no hay lunes ni miércoles que inicien mal porque tú eres todos mis inicios, todos mis finales y mis más felices intermedios,
que tu voz me acuna como a niña pequeña y me controla, puta, para ti,
que nos salvamos en un mundo sentenciado y nos amamos en un mundo que no siente y respiramos, juntos, en un mundo ya sin aire.
Qué lindo, ¡qué lindo es quererte, Amo-r!
y qué fácil lo has hecho siendo tú,
y qué bien me hace sentirlo,
sentirte,
hacerte sentirme.
Demasiado bueno amarte.
Demasiado bueno, Amo-r.
DemaSiado amor ❤

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viernes, 28 de septiembre de 2018

Pesadilla.

Me gustaba que fueras tú, con mis sentidos todavía desorientados, lo primero que percibiera; que tuviera que exigirme hacer cinco segundos de memoria para recordar que era cierto, que habías vuelto, y que de todas las decisiones que podías haber tomado, optaste por fallar a mi favor, a nuestro favor. No fue ejercicio de un día, no, fue una constante cada que se presentaba la posibilidad de amanecer a tu lado, fue un reflejo obsesivo de mi necesidad por ti, una manía, una costumbre hecha religión. Y tú, mi Dios.

Pasado.

Te has ido, lo puedo sentir en el mismísimo centro de mi cuerpo, como mil garras internas tratando de convertirme en un puño. No hay nada alrededor, no reconozco a nadie, no hay camino de seguir, no hay puerta, no se oye la lluvia. Te has ido y me ahogo sin tu aire. La ausencia inflamada hasta la fiebre me carcome la piel, los pensamientos, y el instinto más básico se emborrona con las sobras de tu voz. Mi cuerpo apenas empieza a morir; yo, ya he muerto.

DeSpierto.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Rain : U

U remember this pic?


Esta madrugada todo me llovía, todo, menos la lluvia. 

Me llovía la tristeza, me llovía el dolor -su dolor y el mío-, sus marcas en las yemas de mis dedos, la impotencia, la desesperación, me llovía el no ver salida y la incapacidad, ¡dios!, ¡cómo me llovía mi jodida incapacidad para terminar con su sufrimiento!, me sumergía el alma hasta tener que recordar volver a respirar. 

Podía escuchar el golpecito del agua contra el patio, pero no me sentía merecedora de disfrutar de ella. Y me ahogué de sequía y absurdamente te quise rescatar y no hice otra cosa que empujarte, cuando la realidad es que te necesitaba a rabiar.

Esta noche no me queda más que agradecerte, una vez más, por estar, por ser honesto, por decir lo que sientes de la forma en que lo sientes, por no soltarme, por tener las opciones y decidir quedarte.

Salvación... es lo que siempre encontré en la lluvia.
Es lo que Siempre encuentro en ti.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Entre las dos.


Nop, no hace falta para nada agregar muchas más palabras... Sé que lo recuerdaS, Amo-r 💦

lunes, 3 de septiembre de 2018

adwU.

Pesados todavía, mis párpados luchan por levantarse mientras la poquísima luz de la habitación se los impide; mis neuronas aletargadas comienzan a identificar dónde duele más, dónde menos; asoman los recuerdos de la noche anterior, los últimos sonidos... tu voz..., y entonces te escucho: respiras, cerquita a mí, dormido. Llevo tantos años escuchándote respirar, dormir, despertar... Ya debería ser parte de la normalidad de mis mañanas, pero no lo es, ya debería ser una pieza en la rutina de lo cotidiano pero aún me pellizca la sonrisa, aún me mueve ese algo en el centro del cuerpo. 

"Te amo" -lo repito tan bajito que no lo oyes, "te amo, mi Dueño".

Tu ritmo al inhalar se altera, imagino que mi voz pequeñita se cuela entre tus tímpanos y te brinca por dentro, te mueves, te siento, inhalas más fuerte todavía y dices con ese tono adormilado que me enamora a más no poder: "Mi perrita..." 


Te pido que me folles, que por favor me folles, y no tardas ni un segundo en estar dentro mío, tus palabras jadeando en mi nuca no demoran nada en follarse también mi cerebro. No sé cómo lo haces, cómo puedes decir y hacer exactamente lo que tensa mis nervios y relaja mi voluntad, pero pareces conseguirlo con tanta facilidad que llega a enojarme lo fácil que te soy. 


Y el enojo se vuelve orgasmo y el orgasmo, tu sonrisa. Y soy más Tuya, si cabe, y tus palabras vuelven a revolverme el interior: "buenos días, perrita, así amanecen las mujeres como tú...". Y yo sólo puedo pensar: "¡pinche perra con suerte!"

Te devuelvo la sonrisa, voy por máS.

miércoles, 27 de junio de 2018

Erstmals.


Lo he oído directo de tu voz varias veces, desde hace años, bajo circunstancias y situaciones que tú y yo conocemos a la perfección, entre dudas, anhelos, presiones, ganas y enredos. 
Lo he oído cuando te pesaba como todo el universo sobre la lengua y lo he oído cuando sin tú siquiera pretenderlo me lo decías, en silencio, día con día.

Pero esta mañana, aún con tus palabras adormiladas, con las imágenes todavía vívidas en tus párpados y un par de segundos después que terminaras de narrarme tu sueño, esta mañana, mi Amo-r, no sólo lo he oído, esta mañana lo he escuchado y lo he Sentido directo de tu centro al mío, al centro de mi cuerpo, al centro de mi mente y al centro de mi corazón.

Idem ❤

lunes, 18 de junio de 2018

Desaparecer debajo de ti.

El tiempo ha vuelto a volar entre tus brazos, sentada en tus piernas, adormecida por la protección que siempre me ha brindado ese lugar especial. La película, interesante como era, no ha podido competir con el asombro que me producen aún después de tantos años, la paz y el amparo que ningún ser ni sitio fueron capaces de ofrecerme jamás, ni la casa paterna, ni las amistades más entrañables, ni las relaciones más geniales, solo tú eres mi hogar sereno y feliz.

Y así, sin mucho más postre, nos hemos ido a la cama.

Me has dicho lo que harías y mi mente ha desconectado del planeta dejándome hacer y dedicándome a lo que sabemos que hago mejor: recibirte, de todas las formas posibles, recibirte. Has colocado tu cuerpo sobre el mío y he desaparecido debajo de él, porque soy demasiado pequeña y porque soy tu pequeña. 
He desaparecido como desaparecerá tu sexo dentro del mío en unos segundos. 
He desaparecido como cuando de ser tan tuya, dejo de existir. 

Desaparecer en ti me gusta, esconderme bajo tus antojos es una adicción que no podré ni querré superar nunca, estoy condenada a repetir esa conducta una y otra y otra vez, así me has hecho, así me gusta, así debe Ser.

viernes, 15 de junio de 2018

"YA"

Simple.

Son dos letras, nada más, pero se convierten en religión cuando provienen de tus ganas, de tus deseos, de tu voluntad; y entonces mi cerebro se nubla y los sonidos, todos, se acallan, el movimiento cesa y lo que sea que estaba ocurriendo, así, sin más, deja de suceder; mis dedos se mueven torpes buscando oírte, mi respiración, lejos de oxigenar mis pensamientos, los aturde, naufraga mi calma y mi disposición es la orden que se repite constante; y, adicta como soy por precepto tuyo, consumo todas las dosis posibles mientras me reclames para ti.

Simple.
Tuya.

viernes, 27 de abril de 2018

Todo oídos.

No terminas de decirlo y me reduces a un único pensamiento, una idea exclusiva, una sola sensación: "fuck!... this is gonna hurt so so much, but he wants it..." Y eso, para mi maldición o bendición, es un puto combustible en mi cabeza. El "he wants it" es todo lo que necesitas alimentar en mi cerebro para echarlo a andar.

Mi mano se eleva no sin temblor aunque ya no sea la primera vez, o quizá justo por eso, porque no es la primera vez y ya sé lo que sucederá, lo que se sentirá, lo que se escuchará.

(Lo que se escuchará....
¿Recordabas que estaban ellos apenas cruzando una delgada puerta de madera? ¿Que es posible que algunos sonidos se escuchen incluso de un piso a otro? ¡Claro que sí! Sé que lo sabes. También sé que te importó un rábano en esos momentos. Y si eso no te importó, mucho menos el ardor y el escozor subsiguientes. Querías el sonido y sus secuelas. Querías la obediencia -sin preguntas- a pesar de las consecuencias porque además, tanto es lo que me conoces, que sabías que terminaría haciéndome bien, per se et a posteriori. Querías a tu perra dócil bajo tus hilos. Y la tuviste.)

Mi mano se eleva no sin temblor, y tras unos segundos en los que aprieto fuerte mis ojos y muerdo mis labios, cae, cae violenta y ruidosa sobre mi hinchazón, sobre mi corrida... sobre TU corrida. Cae salpicando fluidos y ruido, un ruido que te complace y te llena los oídos, un ruido que me libra de una repetición indeseada y que a la vez me deja sin aliento por demasiados segundos, ansiando únicamente el oxígeno del que me provees cuando finalmente dices esas dos palabras con un vaho de orgullo, mientras me colmas los pulmones y la vida: buena perrita.

Sé que mi mano se elevará cuantas veces lo indiques, y que mi mente funcionará justo como deseas que lo haga, y que, ambos, no deseamos más que sea aSí.

lunes, 23 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú. (3)

EL DOLOR HACE QUE EL CUERPO Y LA MENTE DESPIERTEN -fue lo siguiente que escuchó de su voz mientras una luz muy potente la cegaba por completo. 
Él tiraba de su cabello a la vez que la besaba con violencia, y le hablaba al oído explicándole que siempre debía ser obediente con Él, que siempre debía cumplir al pie de las letras sus indicaciones, que ella siempre, siempre, sería para Él.
Ella se dejaba jalar y se dejaba besar y se dejaba decir, pues el placer que sentía era infinito, no dudaba ni por un solo segundo que deseaba, pero sobre todo necesitaba, su vida de esa manera y bajo esas condiciones.

Ahora la desviste y vuelve a tirar más fuerte aún de su cabello, la acerca a una pared y prácticamente le clava el rostro en ella. NO TE MUEVAS -agrega. Ella respira agitada y los ladrillos del muro se empañan con su respiración. Siente que le duele la nariz.

¡CUENTA! Un azote en su espalda. Ella no reacciona, no entiende lo que sucede, sólo vuelve a oírlo: ¡CUENTA! Acto seguido su voz tiembla exhalando el número uno. 
NO DEJES DE CONTAR. Segundo azote, esta vez sobre sus piernas. Llora, pero no se atreve a voltear. Dos, dice entre sollozos. 
Tercer azote. Tre...es, dice ella casi susurrando. 
Y entonces comienza una ráfaga de azotes sobre su culo, sin pausa, sin moderación... sin piedad. 
Ella pierde la cuenta. A Él ya no le interesa, sólo le habla y le pregunta una y otra y otra vez: ESTÁS LLORANDO... ¿TE DESAGRADA? ¿DESEAS QUE ME DETENGA?

Se despierta de un salto. 
Sus manos acuden a sus ojos y efectivamente está llorando, pero no quiere despertar. ¡No! ¡No! ¡No, por favor! Vuelve a cerrar los ojos, los aprieta fuerte por ver si vuelve a dormirse, quiere esa sensación en su cuerpo, quiere ese dolor, quiere su voz, quiere decirle que no, que no, que no se detenga, que la marque toda, que la haga Suya...

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(Cada vez que oigo ese audio estoy más segura de que eres tú...)

miércoles, 11 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú. (2)

La reclama a gritos, parece estar enfadado pero ella está tranquila, extrañamente tranquila. Entonces siente el frío de su mano halándola hacia el interior de una habitación en la que nunca antes habían estado. 
Y cae. 
No lo ve más, parece haber desaparecido entre los millones de signos de interrogación que hay en el piso y las paredes. 
La habitación se encuentra inundada por un olor semejante al que tienen los metales oxidados, lo cual para su gusto es agradable, lo único que le fastidia sobremanera es la temperatura: hace demasiado calor allí dentro y empieza a sentirse incómoda al notar que las gotitas de transpiración le recorren el rostro. 

Se pone en pie, se sacude el vestido que lleva y mientras sus dedos recorren los hilos negros de la tela se pierde en sus recuerdos, en cuánto detesta Él los pantalones: -JAMÁS TE QUIERO VER USANDO NADA QUE ME IMPIDA TOCARTE-, le habría dicho en uno de sus primeros encuentros, y así, se había acostumbrado a llevar vestidos que pudieran tanto levantarse con facilidad como resbalar por sus hombros sin ningún inconveniente. 
Cuando empezó a hacer estos cambios en su ropa, su madre habría querido preguntarle mil veces qué había originado tales gustos, pero como con tantas otras cosas, nunca lo hizo... y eso le convenía la más de veces.

Buscaba la puerta con desesperación, no comprendía como una habitación tan pequeña podía representarle tal trabajo, y es que los signos que estaban pintados por todo el cuarto hacían casi imposible la visión; sin embargo, no le interesaba eso que ya era bastante raro de por sí, ella sólo quería aire fresco, estaba asfixiándose con ese calor que pensaba la cocinaría de un momento a otro. 

- ¡QUIETA!

Sus rodillas le temblaron y se doblaron golpeando fuertemente al caer sobre el duro suelo. El sonido que se produjo era como el de cien huesos rompiéndose a la vez, pero ella no sentía dolor, no. Ella no sentía nada que Él no le permitiera sentir, que Él no le indicara claramente sentir.

Sus manos álgidas se aproximaron a ella desde atrás, ataron sus cabellos en una coleta, deslizaron su vestido hasta que alcanzó su cintura y subiendo rápidamente aprisionaron sus pezones a la vez que Él se acercaba a su oído y susurrándole sentenciaba: ESTO SÍ VA A DOLERTE, Y MUCHO, PERO VA A GUSTARTE TANTO SABER QUE LO DISFRUTO, QUE TÚ MISMA ME LOS ENTREGARÁS PARA QUE HAGA CON ELLOS LO QUE ME PLAZCA. Entonces ella pidió por un permiso que Él le otorgó, se giró suavemente quedando frente a Él sin mirar nada más que el suelo y sus miles de signos, anidó cada uno de sus senos con sus manos y, haciendo un ademán de entrega, le dijo muy bajito y sintiendo un temor que la recorría de pies a cabeza: "son tuyos, puedes hacer lo que desees".

El dolor la dejó inconsciente.

Despertó bañada en sudor. Apenas había amanecido y su hermana aún dormía, así que trataba de controlar la respiración agitada para no hacer más ruido del que seguramente ya había hecho. Sus manos se aferraban firmemente a su pecho, pero algo la motivó a moverlas y a hacerlas descender por su cuerpo: era la humedad entre sus piernas, estaba completamente mojada, empapada, lubricada... eSperando por Él.

lunes, 9 de abril de 2018

Tú. Eras tú. Eres tú.

Es grande. Lo sabe porque ella es pequeña y desde su posición apenas alcanza a su pecho.
Es grande y es fuerte, con ningún esfuerzo la eleva por los aires, la anida entre sus brazos y la lleva a otro lugar, uno más oscuro, más húmedo y frío. Y la deja ahí sin decir más.

Ella espera alguna señal, algún sonido, pero sólo recibe el más absoluto silencio, y el tiempo trascurre sin inmutarse por su presencia.

No sin algo de trabajo descubre una cama, -es inmensa, piensa para sí- trepa en ella y recuesta su espalda. Se siente cansada aunque no sabe por qué; aun así recuerda que no debe juntar nunca las rodillas, que sus manos siempre deben permanecer abiertas y... -¿qué más? ¿qué más?- queda zambullida en sus pensamientos...

¿Segundos? ¿Minutos? ¿Horas? No lo sabe. No debería importarle tampoco.

-LA CABEZA VA FUERA DE LA CAMA.

Su voz la captura y la envuelve. Es tan gruesa, tan seca, y aun así, es el sonido que ella más adora oír. -¡Eso era!, se siente idiota- Se apresura a resbalarse un poco sobre el edredón y dejar caer su cabeza por el filo de la cama. Ella no podrá ver nada, ni el rostro dueño de esa voz ni nada de lo está a punto de sucederle. No le interesa por el momento, sólo desea sentirlo y dejarse llevar.

Él es tosco, sus manos son frías y ásperas como su voz, y al tocarla, al producirse el primer contacto, la hace saltar por la brusquedad. Ella sabe que Él no desea lastimarla... al menos no aún, y los que son roces rústicos, ella los siente como las caricias más placenteras recibidas jamás. ¿Por qué? Fácil: porque provienen de Él, de sus manos y de su voluntad.

Ahora separa sus piernas, lo hace colocando apenas un dedo entre ellas. Ella ha aprendido a ser y a hacer como a Él le gusta, como Él desea, como le ha enseñado a ser desde que se presentó por primera vez entre sus sueños. Él la olfatea, hace un sonido de agrado y acto seguido hunde toda su mano en ella, sin permisos, sin miramientos ni suavidades. Ella gime, a Él le disgusta cuando ella grita, a no ser que pretenda obtener gritos de su garganta, y claro, ahí todo cambia. Ella gime y desea levantar la cabeza y verle, ver su expresión, sus gestos, su mirada, pero sabe que le está prohibido, y desiste. Él juega con los cinco dedos dentro de ella, palpándola a cada milímetro, como si escribiera en las paredes de su canal vaginal. 
Y avanza.
Avanza dentro de ese cuerpo que le pertenece. Avanza su mano, su muñeca, choca con el cuello de su útero y, de pronto, se detiene y le pregunta ladino: 

-¿QUIERES QUE SALGA? 

Ella no responde, sólo lo siente y gime. 

Él añade entonces: NO LO HARÍA AUNQUE ME LO SUPLICARAS. TU CUERPO ES MÍO, TÚ YA NO TE PERTENECES Y ESO JAMÁS PODRÁS CAMBIARLO.

Ella lo escucha y esas palabras le masturban cada fibra del cuerpo, cada pensamiento, cada deseo que nunca supo que tenía. Y se corre. Se corre con Él dentro, sacudiéndose, convulsionando y mordiéndose los gritos. 

Pero apenas tiene tiempo de volver a respirar, Él Sigue dentro y no deja de tatuarle la piel.